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Cuando todos se hayan ido… Cuando todos se hayan ido te contare una historia, de playas, de precipicios y salvavidas. De acantilados quizá y refugios en el vacío de caer. Te contare la historia de un cofre que guardaba aviones de papel que  no podían volar, te contare aquella del tintero que por estar tan lleno de tintas se quedó sin palabras que escribir. No, esas no, mejor hablamos de la nuestra. De la de tirarme por los acantilados, de cuando borro toda la playa para recorrerla otra vez. Supongo que no debe ser tan malo caer de un precipicio cuando el acantilado es tu refugio favorito. Supongo que no debe ser tan malo recorrer playas, o caer en esos vacíos que te llenan, esos que llevan consigo el salvavidas. Y volviendo a los tinteros. Supongo que sabes que  te hablo de las playas de palabras y los acantilados de música. Si, de perderse en mares de tinta y refugiarse en el sonido de fondo. Y por supuesto, los acantilados son recuerdos y los refugios se llaman pasa...

historias de trenes, ¿o trenes con historia?

Hay historias de trenes y trenes con historias. Días, horarios, estaciones donde parar a descansar, o donde parar para dejar el tren. Miradas, sonrisas de complicidad, o incluso alguna que otra conversa para amenizar el trayecto. Pero, y que hay de las estaciones, de estas en las que bajas de un tren para quizá embarcarte en otro, o de las que abandonas el tren porque no hay más trayecto, porque tienes que retroceder a la casilla de salida, tienes que volver a casa. Porque ya o hay mas vías,, mas caminos, mas sendas por la que poder seguir, porque el tren hace tiempo que se ha parado, y aunque te niegues en aceptar que el viaje finalizo, que no hay mas miradas, conversas, que no hay quizá mas muecas, ni besos, aunque te niegues a aceptar eso, hace tiempo que el camino se hizo corto y al final se paró. Es hora de volver a casa, se acabó, tienes que bajar. Historias de trenes, de esas de película, de esas de mejillas sonrojadas, si, de esas que duran, de una estación a otra. Y que l...
        Eres ese abrazo cuando el frío te hace chasquear los dientes, quizá una canción pegadiza o el ritmo que te mantiene firme en la cuerda floja, sin embargo, aunque lo seas, te tambaleas, no sabes como pero sientes el vacío de caer por el precipicio, la sensación de refugio en el mismo vacío.      Bien, a veces esta bien refugiarse en los precipicios, emborracharse de recuerdos, y dormirse a base de dosis de letras del corazón. Supongo que pensaras que estoy loca pero, aunque a veces se le pide a la gente que frene, que pare y piense. Tu vuela, vuela tan alto como puedas y tan rápido como llegues porque el tiempo corre y no se compadece de nadie, niña de mirada triste, baila al son de tu canción porque nadie bailara esa canción tan bien como tu, emborráchate de notas y ritmos, y duérmete a dosis de letras que solo vayan para ti.  Eres tan única como quieras serlo, tan especial. No depen...
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Era como aquel humo denso que salía lentamente de los pulmones. ¿Igual de denso? ¿De fuerte? Igual de fugaz quizá. Era curioso cómo no era el jugar con fuego lo que quemaba, sino el hecho de respirar, o ser quizá parte de aquel humo. Igual era su composición, o la fusión de ambos, quizá era la presión que provocaba al salir de forma lenta pero persistente, o puede que la misma adrenalina de ver como aquello no cesaba, como todo seguía rodando, como todo daba vueltas siempre en la misma dirección, ver como seguías cayendo en el mismo lugar, porque la salida era esa, era la única, y porque no había marcha atrás. ¿De qué te sirve correr niña? Si el lobo ya no te quiere coger y el hombre del saco ni siquiera mira hacia a ti. Frena, que estás sola, que corres en contra tuya, que tú eres tu propio lobo, tu escondite y tu presa. ¿Bendita soledad no? O no, maldita quizá, quien sabe. Si en la cima hace mucho frio y abajo todo esta quemado ya. Quítate la capa roja, o la tiara azul, como vea...
Volar a veces, es caer en picado. Que me frenaste, paré a respirar, y sin embargo mi hiciste correr. Corrí casi tan deprisa como el tiempo y ese casi fue lo que falló. Todo tenia un casi, pero nunca era del todo. Todo tenia un sí y también un pero. Todo menos tú. Bailaba al ritmo de tu voz y caminaba con la música de tus palabras en los cascos. Dormía de tus sueños, comía casi de besos, casi. Y el casi fue lo que faltó. Llore de sonrisas y me emborrache de recuerdos, bebiendo de cada instante. Sonreía sentimientos y tosía las mariposas del estomago que se hacían a cada segundo mas grandes. Corría, y sigo corriendo. Me drogue de promesas. Me mentí con esperas. Paro de nuevo, no quiero correr mas, salen demasiadas mariposas ya y la botella de momentos vividos ya no me da para emborracharme, no hay dosis de promesas y no me quedan besos que comer. Supongo que no nos queda tiempo, que las mariposas ya no salen, porque ya están muertas. Que no queda palabras para caminar ni siquiera s...

Secreto número uno:

Nunca supe superar septiembre, el verano se hace siempre muy corto y el invierno suele ser más duro de lo normal. Nunca me gusto septiembre, tiene cosas, fechas, personas quizás. Pero estabas tú, tú y tu sonrisa de no pasa nada, “aparecí en septiembre, y ya veras, ni septiembre es tan malo, ni hace tanto frío en enero”. Que nadie dijo que fuera fácil, ¿pero tan imposible?, tan, ¿detrás de una viene otra?, tan, estoy tan abajo que ni siquiera encuentro el fondo de esto. Y ser fuego quizás, y resurgir de los pequeños restos de cenizas, y subir como el agua y quizá llegar a ser aire, y en el último momento, respirar y volar alto. Que a todo el mundo le gusta más la hierba verde recién cortada que as hojas doradas secas y demasiado amontonadas en las aceras. Que bailar en la arena con los pies descalzos está bien, pero bailar con las sabanas y el olor a café en el pasillo, suena tan bien como correr a contar los lunares de algún maravilloso error, que quizá por casualidad o por descarte se...