Al de los ojos imposibles, ojalá algún día llegues a entender que sin querer matabas. Lo hacías con una sonrisa, y lo triste es que ni siquiera te dabas cuenta de que yo por lo que moría, era por tu sonrisa, que a la que matabas, era a mí. Niño de palabras cortas, y silencios largos. Joder, me falle a mí misma por ti, y ni así lo viste. Ojalá algún día alguien te mate con su bondad, y entonces, entonces llegues a ver lo que es morir por algo, que ni siquiera existe. Gracias por enseñarme a ser mejor jugador, gracias por enseñarme a perder, ojalá sigas ganando, y el día menos pensado, pierdas, eso sí, a mí. Ese día, el partido habrá acabado, y por una vez, ganaré yo. O no.