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Mostrando entradas de enero, 2017

Sigamos leyendo.

Sabía que iba a doler y aún así lo hizo. Lo hizo porque dolía mas la bala fría dentro que otro disparo en la sien. Sabía que era como oxigeno, pero al final, aprendió a respirar bajo el agua, de tanto secar gotas saladas y hacer como que nada pasaba. Sabía que los obstáculos hacia tiempo que se tenían que romper, que saltarlos solo era valido cuando el mayor dolor era el de rodilla. sabía que no tenía más opción que dejar de serlo. que se repetía el cuento y lo había vuelto a leer. Sabía que se había congelado ya porque hacia tiempo que con el único fuego que jugaba era con el solido que quema de verdad y que el tiempo había marcado ya el segundo final.

"M"

Ella es invierno por fuera y agosto por dentro. Sale, una mirada, una sonrisa. cambio de sitio, vuelve a empezar. Sale para olvidar. Olvida que al llegar a casa las sabanas siguen frías. Que los domingos de resaca van solos y se duerme con la manta y la película. No piensa, ya no. Pero desde hace tiempo odia el café. Odia las palomitas y se ha hecho la amante mas incondicional del chocolate. No planea, no tiene horas, solo vive. Hace tiempo que se deja llevar que en su vida, lo único hecho, es la cama cada día, al llegar a casa de nuevo.

Balas.

Tengo una bala en la recamara. Apunta, dispara. Tengo una única bala, un único intento y mil ocasiones para apuntar. Tengo una bala que espera  al momento justo para rodar chasquear y salir. Tengo una bala, de esas que no matan, de las que  disparar para vivir. Tengo  una bala, y tengo que morir matando. Por eso de que, aquello que mata nunca muere. Tengo una bala, y sigo jugando a la misma ruleta rusa. Tengo una bala, que no presiona, solo espera, avisa de que esta ahí y me mantiene en la cuerda. Tengo una bala y sigo teniendo miles de ocasiones y solo un intento. Apunta, Dispara, Mata y muere, Y solo entonces, Apunta, dispara y vive.