Estaciones opuestas.
Era como despedir al invierno.
Sensación agridulce, quizá.
A nadie le gusta el frío, pero,
a todos les cuesta soltarse de la manta y el café caliente.
Compró dos billetes para solo usar uno.
Era costumbre, manía, no tenía un porque.
Subió, cerró la puerta, y entonces, solo entonces,
el invierno se apagó.
En otro punto bajó aquella a quien muchos buscaban,
aquella a la que cuesta encontrar, y que se escapa,
sin que nadie se de cuenta,
Aquella que persigue incansable al sol del verano.
Era cuestión de puntos y billetes
lo que separaba a dos
realidades tan opuestas,
como ÉL invierno y aquELLA primavera.
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